1. Evangelio: “Quedate con nosotros, que ya es tarde
En
el encuentro de hoy vamos a compartir el relato de los discípulos de Emaús. Lo
que vivieron los discípulos que “caminaban con aire entristecido” pasa muchas
veces en la vida. Distintas situaciones nos hacen desanimarnos. Cuando el dolor
pega fuerte, hay personas que quedan depresivas, desesperadas. Otras se vuelven
coléricas y amargadas. Otras tomas posturas evasivas en la oración sin
compromiso o en la actividad frenética.
1. ¿Hemos
vivido momentos o períodos de desencanto o amargura?
2. ¿Qué
nos ayudó a salir?
(Hacerla en forma dialogada: Relator/a,
Jesús, discípulo/a)
Dos de los discípulos iban a un pequeño
pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino
hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió
caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojo lo reconocieran.
El les dijo:
«¿Qué comentaban por el camino?».
Ellos se detuvieron, con el
semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió:
«¡Tú
eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!».
«¿Qué cosa?»,
les preguntó.
Ellos respondieron:
«Lo referente a Jesús, el
Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y
de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo
entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos
que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron
estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han
desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo
de Jesús, volvieron diciendo que se les había aparecido unos ángeles,
asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y
encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron».
Jesús les dijo:
«¡Hombres
duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los
profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para
entrar en su gloria?» Y les interpretó lo que se decía de él en todas las Escrituras
comenzando por
Moisés y continuando con todos los profetas.
Cuando llegaron cerca del pueblo
adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron:
«Quédate
con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba».
El entró y se quedó con ellos. Y estando
a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.
Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él
había desa-parecido de su vista. Y se decían:
«¿No ardía acaso nuestro corazón,
mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».
En ese mismo momento, se pusieron
en camino y regresaron a Jerusalén. Allí
encontraron reuni-dos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos
les dijeron:
«Es
verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!».
Ellos,
por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían
reconocido al partir el pan.
1. ¿Quiénes
van de camino? ¿De dónde vienen y hacia dónde van? ¿Cómo se sienten?
2. ¿Qué actitudes
toma Jesús?
3. ¿Cuál
es el cambio que se produce en los discípulos, desde el principio del relato,
hasta el final? ¿Qué fue lo que les hizo cambiar?
1. ¿Con
cuál/es de las actitudes o momentos de los discípulos me siento identificada?
2. Escuchar
lo que Jesús quiera decirnos, como a los discípulos de Emaús, para dar luz a lo
que estamos viviendo.
3. ¿Dónde
reconocemos de forma especial la presencia de Jesús en lo que estamos viviendo?
El
relato de Emaús describe como ningún otro la transformación que se produce en
los discípulos al acoger en su vida a Jesús resucitado. Caminaban “con aire
entristecido” y, al escuchar sus palabras, “sienten arder su corazón”; se
habían derrumbado al comprobar la muerte de Jesús, pero, al experimentarlo
lleno de vida, descubren que sus esperanzas no eran exageradas, sino demasiado
pequeñas y limitadas; se habían alejado del grupo de discípulos, frustrados por
todo lo ocurrido, y ahora vuelven a Jerusalén a contar a todos “lo que les ha
pasado en el camino”. Para ellos empieza una vida nueva. Este extraordinario
relato merece ser saboreado despacio.
Dos personas que marchan por el camino. Desanimadas,
tristes, están yendo en dirección contraria. Huyendo. Buscando.
La experiencia de la muerte de Jesús
había sido tan dolorosa que perdieron el sentido de vivir en comunidad. Su
frustración era tan grande que no reconocieron a Jesús cuando se aproximó y se
puso a caminar con ellos. No pudieron ver la salvación de Dios entrando en sus
vidas.
Caminando con ellos, sin que ellos se den
cuenta, Jesús hacía preguntas. Escuchaba las respuestas con interés. De esa
forma los obligaba a ir al fondo del motivo de su tristeza y de su fuga.
Buscaba hacer que expresen su frustración. Luego iba iluminando la situación
con palabras de
A lo largo del camino creció en los
discípulos la actitud de acogida: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y
el día se acaba». Fue sólo entonces que
el compartir se dio. Compartieron la vida, la oración y el pan. Compartir que
les abrió los ojos y provocó el descubrimiento más grande de la fe: «Es verdad,
¡el Señor ha resucitado».
Este descubrimiento les
dio fuerzas para volver a Jerusalén, aunque fuera de noche. Estaban apurados
por compartir con otros el
descubrimiento que los hizo renacer y tener coraje para enfrentar el poder de
la muerte.
Volvieron para reconstruir la comunidad,
expresión, señal y sacramento de la presencia de Jesús resucitado.
J. A. Pagola,
Jesús. Aproximación histórica
(Si el grupo lo considera adecuado formula
algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)
El texto de Teresa que vamos a
escuchar se refiere a Jesús como “ayuda, animo y sustento” para hacer la voluntad
de Dios. Vamos a compartir alguna experiencia en que el encuentro con Jesús – a
través de su Palabra, de la oración, de
En Camino de Perfección
Teresa se basa en la oración del Padre Nuestro para explicar el camino hacia la
contemplación. Después de comentar la oración de unión con la frase “hágase tu
voluntad”, con la petición del pan se centra en la presencia de Jesús entre
nosotros,
Entendiendo el buen Jesús cuán
dificultosa cosa era ésta que ofrece por nosotros, - «Sea hecha tu voluntad
en la tierra como en el cielo.» -
conociendo nuestra flaqueza; y que muchas veces hacemos entender que no entendemos
cuál es la voluntad del Señor; buscó un medio admirable adonde nos mostró el
extremo de amor que nos tiene, y en su nombre y en el de sus hermanos, pidió
esta petición: «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, Señor.»
Entendamos, hermanas, por amor de Dios,
esto que pide nuestro buen Maestro, que nos va la vida en no pasar de corrido
por ello, y tened en muy poco lo que habéis dado, pues tanto habéis de recibir.
Visto el buen Jesús lo que había dado por
nosotros, y cómo nos importa tanto darlo y la gran dificultad que había, por ser
nosotros tan inclinados a cosas bajas y de tan poco amor y ánimo, que era
menester ver el suyo para despertarnos, y no una vez sino cada día, se debió
determinar de quedarse con nosotros.
Es como decirle a su Padre que ya una vez
nos le dio para que muriese por nosotros, que ya nuestro es, que no nos le
torne a quitar hasta que se acabe el mundo, que le deje servir cada día. Esto
os enternezca el corazón, hijas mías, para amar a nuestro Esposo; que no hay
esclavo que de buena gana diga que lo es, y que el buen Jesús parece se honra
de ello.
Pues no se queda para otra cosa con
nosotros, sino para ayudarnos y animarnos y sustentarnos a hacer esta voluntad
que hemos dicho se cumpla en nosotros.
Su Majestad nos dio este mantenimiento y maná de
la humanidad; que le hallamos como queremos y, si no es por nuestra culpa, no
moriremos de hambre. No hay necesidad ni trabajo ni persecución que no sea
fácil de pasar, si comenzamos a gustar de los suyos.
Pedid vosotras, hijas, con este Señor al
Padre que os deje hoy a vuestro Esposo, que no os veáis en este mundo sin Él.
De otro pan no tengáis cuidado las que muy de veras os habéis dejado en la
voluntad de Dios. Dejad ese cuidado - como largamente queda dicho - a vuestro
Esposo, que Él le tendrá siempre.
1. ¿Con qué sintonizo más del texto?
2. Según interpreta Teresa, ¿por qué y
para qué quiso Jesús hacerse presente en la fracción del pan?
1. ¿Qué nos dicen estas palabras de
Teresa a nosotros/as hoy?
2. ¿Estas palabras de Teresa nos evocan
algún texto de
(Si el grupo lo considera adecuado formula
algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)
El texto de Teresa que vamos a
escuchar se refiere a la importancia de la relación de amistad que establecemos
con los demás, tanto para caer como para levantarnos en el camino del
seguimiento de Jesús. Vamos a compartir alguna experiencia en que la amistad y
el trato con los demás nos ayudó o no a seguir a Jesús.
Con
el texto que vamos a leer concluye Teresa el Capítulo 7 del libro de
Gran mal es un alma sola entre tantos peligros;
me paréce a mí que si yo tuviera con quien tratar todo esto,
que me ayudara a no tornar a caer,
siquiera por vergüenza, ya que no la tenía de Dios.
Por eso aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio,
procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo.
Es cosa importantísima,
aunque no sea sino ayudarse unos a otros con sus oraciones.
¡Cuánto más que hay muchas más ganancias!
Y no sé yo por qué - pues de conversaciones y voluntades humanas,
aunque no sean muy buenas, se procuran amigos con quien descansar-,
no se ha de permitir que quien comenzare de veras a amar a Dios,
trate con algunas personas sus placeres y trabajos,
que de todo tienen los que tienen oración.
Y creo que el que lo tratare aprovechará a sí y a los que le oyeren
y saldrá más enseñado; aun, sin entender cómo, enseñará a sus amigos.
Es tan importantísimo esto
para almas que no están fortalecidas en la virtud,
porque tienen tantos contrarios y amigos para incitar al mal,
que no sé cómo ponderarlo.
Porque andan ya las cosas del servicio de Dios tan flacas,
que es necesario para ir adelante los que le sirven
hacerse espaldas unos a otros .
Y es un género de humildad no fiar de sí,
sino creer que para aquellos con quien conversa le ayudará Dios;
y crece la caridad con ser comunicada,
y hay mil bienes que no los osaría decir
si no tuviese gran experiencia de lo mucho que va en esto.
Verdad es que yo soy más débil y ruin que todos los nacidos;
mas creo no perderá quien humillándose, aunque sea fuerte,
no lo crea de sí, y creyere en esto a quien tiene experiencia.
De mí sé decir que, si el Señor no me descubriera esta verdad
y diera medios para que yo muy ordinario
tratara con personas que tienen oración,
que cayendo y levantando iba a dar de cabeza en el infierno.
Porque para caer, había muchos amigos que me ayudasen;
para levantarme, me hallaba tan sola,
que ahora me asombra cómo no estaba siempre caída,
y alabo la misericordia de Dios, que era sólo el que me daba la mano.
Sea bendito por siempre jamás. Amén.
1. ¿Qué nos dicen estas palabras de
Teresa a nosotros/as hoy?
2. ¿Estas palabras de Teresa nos evocan
algún texto de
(Si el grupo lo considera adecuado formula
algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)
El
texto de Teresa que vamos a escuchar se refiere a la importancia de la
fidelidad al tiempo de oración personal. En el libro de
·
¿Nos
ha sido difícil ser fieles al tiempo de oración personal? ¿Por qué?
·
¿Cómo
lo vivimos ahora?
No hay razón
para que a quien tanto nos ha dado
y
continuamente nos da,
no le demos
con toda determinación
una cosa que
nos determinar a darle,
que es este
cuidadito del tiempo de oración,
sino como
quien presta una cosa para volverla a tomar.
Esto no me
parece a mí dar;
más bien a
quien le han prestado una cosa,
queda con
algún disgusto cuando se la vuelven a tomar,
en especial
si la necesita y la tenía ya como por suya.
Y si son
amigos, y quien se la prestó
le debe
muchas cosas dadas sin ningún interés,
con razón le
parecerá poquedad y muy poco amor,
que aun una
cosita suya no quiere dejar en su poder,
siquiera por
señal de amor.
¿Qué esposa
hay que, recibiendo muchas joyas de valor de su esposo,
no le dé
siquiera una sortija, no por lo que vale, que ya todo es suyo,
sino por
prenda que será suya hasta que muera?
Pues, ¿qué
menos merece este Señor para que burlemos de él,
dando y
tomando una nada que le damos?
Este poquito
de tiempo que nos determinamos de darle
de cuanto
gastamos en nosotros mismos y en quien no nos lo agradecerá,
démoselo
libre el pensamiento y desocupado de otras cosas,
y con toda
determinación de nunca jamás volver a tomárselo
por trabajos
que por ello nos vengan,
ni por
contradicciones ni por sequedades;
sino que ya
como cosa no mía tenga aquel tiempo,
y piense me
le pueden pedir por justicia
cuando del
todo no se lo quisiere dar.
No se
entienda es tomársele dejarlo algún día, o algunos,
por
ocupaciones justas o por cualquier indisposición.
La intención
esté firme, que no es nada delicado mi Dios:
no mira
pequeñeces.
Así tendrá
qué agradeceros; es dar algo.
Lo demás, es
bueno a quien no es generoso,
sino tan
apretado que no tiene corazón para dar; mucho es que preste.
En fin, haga
algo, que todo lo toma en cuenta este Señor nuestro.
1. ¿Qué nos dicen estas palabras de
Teresa a nosotros/as hoy?
2. ¿Estas palabras de Teresa nos evocan
algún texto de
(Si el grupo lo considera adecuado formula
algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)