Itinerario
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NO ESTAMOS SOLAS/OS

 

 

1.Evangelio: “Quedate con nosotros, que ya es tarde

2.Teresa: “No os veáis en este mundo sin Él”

3.Teresa: “Gran mal es un alma sola”

4.Teresa: “Este poquito de tiempo que nos determinamos de darle...”

 

1. Evangelio: “Quedate con nosotros, que ya es tarde

 

1. Mirada contemplativa de la realidad

 

        En el encuentro de hoy vamos a compartir el relato de los discípulos de Emaús. Lo que vivieron los discípulos que “caminaban con aire entristecido” pasa muchas veces en la vida. Distintas situaciones nos hacen desanimarnos. Cuando el dolor pega fuerte, hay personas que quedan depresivas, desesperadas. Otras se vuelven coléricas y amargadas. Otras tomas posturas evasivas en la oración sin compromiso o en la actividad frenética.

 

1.       ¿Hemos vivido momentos o períodos de desencanto o amargura?

2.      ¿Qué nos ayudó a salir?

 

 

2. Lectura orante de la Palabra: Lucas 24, 13-35 

(Hacerla en forma dialogada: Relator/a, Jesús, discípulo/a)

 

Dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.  Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojo lo reconocieran.

El les dijo:

«¿Qué comentaban por el camino?».

Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió:

«¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!».

«¿Qué cosa?», les preguntó.

Ellos respondieron:

«Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les había aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron».

Jesús les dijo:

«¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y les interpretó lo que se decía de él en todas las Escrituras comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas.

Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron:

«Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba».

El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desa-parecido de su vista. Y se decían:

«¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».

En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén.  Allí encontraron reuni-dos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron:

«Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!».

Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

 

2. 1. Ver el texto de cerca

1.       ¿Quiénes van de camino? ¿De dónde vienen y hacia dónde van? ¿Cómo se sienten?

2.      ¿Qué actitudes toma Jesús?

3.      ¿Cuál es el cambio que se produce en los discípulos, desde el principio del relato, hasta el final? ¿Qué fue lo que les hizo cambiar?

 

2.2.  Escuchar el mensaje del texto

1.       ¿Con cuál/es de las actitudes o momentos de los discípulos me siento identificada?

2.      Escuchar lo que Jesús quiera decirnos, como a los discípulos de Emaús, para dar luz a lo que estamos viviendo.

3.      ¿Dónde reconocemos de forma especial la presencia de Jesús en lo que estamos viviendo?

 

 

2.3. Ayuda para el grupo

 

El relato de Emaús describe como ningún otro la transforma­ción que se produce en los discípulos al acoger en su vida a Jesús resuci­tado. Caminaban “con aire entristecido” y, al escuchar sus palabras, “sienten arder su corazón”; se habían derrumbado al comprobar la muerte de Jesús, pero, al experimentarlo lleno de vida, descubren que sus esperanzas no eran exageradas, sino demasiado pequeñas y limitadas; se habían alejado del grupo de discípulos, frustrados por todo lo ocurrido, y ahora vuelven a Jerusalén a contar a todos “lo que les ha pasado en el ca­mino”. Para ellos empieza una vida nueva. Este extraordinario relato merece ser saboreado despacio.

 

Dos personas que marchan por el camino. Desanimadas, tristes, están yendo en dirección contraria. Huyendo. Buscando.

La experiencia de la muerte de Jesús había sido tan dolorosa que perdieron el sentido de vivir en comunidad. Su frustración era tan grande que no reconocieron a Jesús cuando se aproximó y se puso a caminar con ellos. No pudieron ver la salvación de Dios entrando en sus vidas.

 

Caminando con ellos, sin que ellos se den cuenta, Jesús hacía preguntas. Escuchaba las respuestas con interés. De esa forma los obligaba a ir al fondo del motivo de su tristeza y de su fuga. Buscaba hacer que expresen su frustración. Luego iba iluminando la situación con palabras de la Escritura. La explicación que Jesús daba hizo arder su corazón, pero no consiguió abrir los ojos de los discípulos

 

A lo largo del camino creció en los discípulos la actitud de acogida: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba».  Fue sólo entonces que el compartir se dio. Compartieron la vida, la oración y el pan. Compartir que les abrió los ojos y provocó el descubrimiento más grande de la fe: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado».

 

Este descubrimiento les dio fuerzas para volver a Jerusalén, aunque fuera de noche. Estaban apurados por compartir con otros  el descubrimiento que los hizo renacer y tener coraje para enfrentar el poder de la muerte.

Volvieron para reconstruir la comunidad, expresión, señal y sacramento de la presencia de Jesús resucitado.

 

J. A. Pagola, Jesús. Aproximación histórica

 

 

 

3. Respuesta agradecida

 

3.1 ¿Qué me invita a vivir la experiencia y la Palabra compartidas?

 

3.2 En forma de oración ponemos en común lo que Dios ha suscitado en nosotras/os en este encuentro.

 

(Si el grupo lo considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)

 

 

 

 

 

 


 

2. Teresa: “No os veáis en este mundo sin Él”

 

1. Mirada contemplativa de la realidad

El texto de Teresa que vamos a escuchar se refiere a Jesús como “ayuda, animo y sustento” para hacer la voluntad de Dios. Vamos a compartir alguna experiencia en que el encuentro con Jesús – a través de su Palabra, de la oración, de la Eucaristía… – nos fortaleció para seguir adelante.

 

2. Lectura orante de Teresa: Camino de Perfección 33-34

 

En Camino de Perfección Teresa se basa en la oración del Padre Nuestro para explicar el camino hacia la contemplación. Después de comentar la oración de unión con la frase “hágase tu voluntad”, con la petición del pan se centra en la presencia de Jesús entre nosotros,

 

Entendiendo el buen Jesús cuán dificultosa cosa era ésta que ofrece por nosotros, - «Sea hecha tu voluntad en la tierra como en el cielo.»  - conociendo nuestra flaqueza; y que muchas veces hacemos entender que no entendemos cuál es la voluntad del Señor; buscó un medio admirable adonde nos mostró el extremo de amor que nos tiene, y en su nombre y en el de sus hermanos, pidió esta petición: «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, Señor.»

Entendamos, hermanas, por amor de Dios, esto que pide nuestro buen Maestro, que nos va la vida en no pasar de corrido por ello, y tened en muy poco lo que habéis dado, pues tanto habéis de recibir.

 

Visto el buen Jesús lo que había dado por nosotros, y cómo nos importa tanto darlo y la gran dificultad que había, por ser nosotros tan inclinados a cosas bajas y de tan poco amor y ánimo, que era menester ver el suyo para despertarnos, y no una vez sino cada día, se debió determinar de quedarse con nosotros.

 

Es como decirle a su Padre que ya una vez nos le dio para que muriese por nosotros, que ya nuestro es, que no nos le torne a quitar hasta que se acabe el mundo, que le deje servir cada día. Esto os enternezca el corazón, hijas mías, para amar a nuestro Esposo; que no hay esclavo que de buena gana diga que lo es, y que el buen Jesús parece se honra de ello.

 

Pues no se queda para otra cosa con nosotros, sino para ayudarnos y animarnos y sustentarnos a hacer esta voluntad que hemos dicho se cumpla en nosotros.

Su Majestad nos dio este mantenimiento y maná de la humanidad; que le hallamos como queremos y, si no es por nuestra culpa, no moriremos de hambre. No hay necesidad ni trabajo ni persecución que no sea fácil de pasar, si comenzamos a gustar de los suyos.

 

Pedid vosotras, hijas, con este Señor al Padre que os deje hoy a vuestro Esposo, que no os veáis en este mundo sin Él. De otro pan no tengáis cuidado las que muy de veras os habéis dejado en la voluntad de Dios. Dejad ese cuidado - como largamente queda dicho - a vuestro Esposo, que Él le tendrá siempre.

 

2.1 Ver el texto de cerca

1. ¿Con qué sintonizo más del texto?

2. Según interpreta Teresa, ¿por qué y para qué quiso Jesús hacerse presente en la fracción del pan?

 

2.2.  Escuchar el mensaje del texto

1. ¿Qué nos dicen estas palabras de Teresa a nosotros/as hoy?

2. ¿Estas palabras de Teresa nos evocan algún texto de la Biblia?

 

3. Respuesta agradecida

 

3.1 ¿Qué me invita a vivir la experiencia y la Palabra compartidas?

 

3.2 En forma de oración ponemos en común lo que Dios ha suscitado en nosotras/os en este encuentro.

 

(Si el grupo lo considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)

 

 

 

3. Teresa: “Gran mal es un alma sola”

 

1. Mirada contemplativa de la realidad

El texto de Teresa que vamos a escuchar se refiere a la importancia de la relación de amistad que establecemos con los demás, tanto para caer como para levantarnos en el camino del seguimiento de Jesús. Vamos a compartir alguna experiencia en que la amistad y el trato con los demás nos ayudó o no a seguir a Jesús.

 

2. Lectura orante de Teresa: Vida 7, 20-22

Con el texto que vamos a leer concluye Teresa el Capítulo 7 del libro de la Vida, en que  se refiere a los años que pasó desorien-tada y en una gran lucha interior.

 

Gran mal es un alma sola entre tantos peligros;

me paréce a mí que si yo tuviera con quien tratar todo esto,

que me ayudara a no tornar a caer,

siquiera por vergüenza, ya que no la tenía de Dios.

 

Por eso aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio,

procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo.

Es cosa importantísima,

aunque no sea sino ayudarse unos a otros con sus oraciones.

¡Cuánto más que hay muchas más ganancias!

Y no sé yo por qué - pues de conversaciones y voluntades humanas,

aunque no sean muy buenas, se procuran amigos con quien descansar-,

no se ha de permitir que quien comenzare de veras a amar a Dios,

trate con algunas personas sus placeres y trabajos,

que de todo tienen los que tienen oración.

 

Y creo que el que lo tratare aprovechará a sí y a los que le oyeren

y saldrá más enseñado; aun, sin entender cómo, enseñará a sus amigos.

 

Es tan importantísimo esto

para almas que no están fortalecidas en la virtud,

porque tienen tantos contrarios y amigos para incitar al mal,

que no sé cómo ponderarlo.

Porque andan ya las cosas del servicio de Dios tan flacas,

que es necesario para ir adelante los que le sirven

hacerse espaldas unos a otros .

Y es un género de humildad no fiar de sí,

sino creer que para aquellos con quien conversa le ayudará Dios;

y crece la caridad con ser comunicada,

y hay mil bienes que no los osaría decir

si no tuviese gran experiencia de lo mucho que va en esto.

 

Verdad es que yo soy más débil y ruin que todos los nacidos;

mas creo no perderá quien humillándose, aunque sea fuerte,

no lo crea de sí, y creyere en esto a quien tiene experiencia.

 

De mí sé decir que, si el Señor no me descubriera esta verdad

y diera medios para que yo muy ordinario

tratara con personas que tienen oración,

que cayendo y levantando iba a dar de cabeza en el infierno.

Porque para caer, había muchos amigos que me ayudasen;

para levantarme, me hallaba tan sola,

que ahora me asombra cómo no estaba siempre caída,

y alabo la misericordia de Dios, que era sólo el que me daba la mano.

Sea bendito por siempre jamás. Amén.

 

2.1  Ver el texto de cerca

1.    ¿Qué es lo que más nos gusta del texto? ¿Por qué?

2.    ¿Qué beneficios ve Teresa en compartir con los demás nuestro proceso interior?

 

2.2.  Escuchar el mensaje del texto

1. ¿Qué nos dicen estas palabras de Teresa a nosotros/as hoy?

2. ¿Estas palabras de Teresa nos evocan algún texto de la Biblia?

 

3. Respuesta agradecida

 

3.1 ¿Qué me invita a vivir la experiencia y la Palabra compartidas?

 

3.2 En forma de oración ponemos en común lo que Dios ha suscitado en nosotras/os en este encuentro.

(Si el grupo lo considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)

 

 

4.  Teresa: “Este poquito de tiempo que nos determinamos de darle...”

 

1. Mirada contemplativa de la realidad

El texto de Teresa que vamos a escuchar se refiere a la importancia de la fidelidad al tiempo de oración personal. En el libro de la Vida relata el tiempo “que andaba tan destruida y sin tener oración” y dice: “fue la mayor tentación que tuve, que por ella me iba a acabar de perder”. Vamos a conversar sobre esto:

·        ¿Nos ha sido difícil ser fieles al tiempo de oración personal? ¿Por qué?

·        ¿Cómo lo vivimos ahora?

 

2. Lectura orante de Teresa: Camino 23, 1-3

 

No hay razón para que a quien tanto nos ha dado

y continuamente nos da,

no le demos con toda determinación

una cosa que nos determinar a darle,

que es este cuidadito del tiempo de oración,

sino como quien presta una cosa para volverla a tomar.

 

Esto no me parece a mí dar;

más bien a quien le han prestado una cosa,

queda con algún disgusto cuando se la vuelven a tomar,

en especial si la necesita y la tenía ya como por suya.

 

Y si son amigos, y quien se la prestó

le debe muchas cosas dadas sin ningún interés,

con razón le parecerá poquedad y muy poco amor,

que aun una cosita suya no quiere dejar en su poder,

siquiera por señal de amor.

 

¿Qué esposa hay que, recibiendo muchas joyas de valor de su esposo,

no le dé siquiera una sortija, no por lo que vale, que ya todo es suyo,

sino por prenda que será suya hasta que muera?

 

Pues, ¿qué menos merece este Señor para que burlemos de él,

dando y tomando una nada que le damos?

 

Este poquito de tiempo que nos determinamos de darle

de cuanto gastamos en nosotros mismos y en quien no nos lo agradecerá,

démoselo libre el pensamiento y desocupado de otras cosas,

y con toda determinación de nunca jamás volver a tomárselo

por trabajos que por ello nos vengan,

ni por contradicciones ni por sequedades;

sino que ya como cosa no mía tenga aquel tiempo,

y piense me le pueden pedir por justicia

cuando del todo no se lo quisiere dar.

 

No se entienda es tomársele dejarlo algún día, o algunos,

por ocupaciones justas o por cualquier indisposición.

La intención esté firme, que no es nada delicado mi Dios:

no mira pequeñeces.

Así tendrá qué agradeceros; es dar algo.

Lo demás, es bueno a quien no es generoso,

sino tan apretado que no tiene corazón para dar; mucho es que preste.

En fin, haga algo, que todo lo toma en cuenta este Señor nuestro.

 

2.1 Ver el texto de cerca

1. ¿Qué frase nos gusta más?

2. ¿Qué comparaciones usa? ¿Qué aportan para explicar el modo en que entiende la relación con Dios?

3. ¿Qué recomendaciones concretas da para el tiempo de oración?

 

2.2.  Escuchar el mensaje del texto

1. ¿Qué nos dicen estas palabras de Teresa a nosotros/as hoy?

2. ¿Estas palabras de Teresa nos evocan algún texto de la Biblia?

 

3. Respuesta agradecida

3.1 ¿Qué me invita a vivir la experiencia y la Palabra compartidas?

 

3.2 En forma de oración ponemos en común lo que Dios ha suscitado en nosotras/os en este encuentro.

 

(Si el grupo lo considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)

 

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