En
el encuentro de hoy vamos a compartir el relato de dos parábolas en la que
Jesús compara el Reino con quienes descubren algo muy valioso y dejan todo para conseguirlo. Vamos
a conversar sobre esto:
1. ¿Viviste algún encuentro o descubrimiento que marcó tu vida? ¿Cómo
descubriste la llamada de Dios ahí?
El Reino de los Cielos se parece a un tesoro
escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de
alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El
Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas
finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la
compró.
1. ¿Qué nos
enseña Jesús sobre el Reino con estas parábolas?
2. ¿A qué
nos desafía?
Jesús
pronunció dos pequeñas parábolas que no extrae de la experiencia cotidiana,
sino de la fantasía de los cuentos orientales, para despertar en la gente la
alegría y la decisión ante la llegada de Dios.
Un
pobre labrador está cavando en un terreno del que no es propietario cuando, de
pronto, encuentra un tesoro escondido bajo tierra en un cofre. No es difícil imaginar
su sorpresa y alegría. No se lo piensa dos veces. Es la ocasión de su vida y no
la puede desaprovechar: esconde de nuevo el cofre, vende todo lo que tiene,
compra el campo y se hace con el tesoro. A los campesinos de Galilea les
encantaba este tipo de relatos. Su región había sido invadida por toda clase de
ejércitos a lo largo de los siglos, y todos sabían que la mejor manera de
escapar al saqueo de los soldados asirios, macedonios o romanos había sido
siempre enterrar sus pequeñas fortunas en un lugar seguro. Según Flavio
Josefo, después de la caída de Jerusalén del año 70, los romanos “desenterraron
oro, plata y otros objetos preciosos, cuyos propietarios los habían escondido
bajo tierra en vista de la suerte incierta de la guerra” (La guerra judía VII,
115). Más de un campesino soñaba todavía con encontrar un día uno de esos
tesoros olvidado en algún rincón.
En la parábola de la perla el
protagonista no es un pobre labrador, sino un rico traficante de perlas. Su
negocio consiste en comprarlas en los países lejanos de Oriente y venderlas
luego a un precio mucho más elevado. De pronto encuentra una perla de valor
incalculable. Su olfato de experto no le engaña. Rápidamente toma una
decisión: vende todos sus bienes y se hace con ella. Los oyentes “entienden” el
relato. Cerca de Cafarnaún pasa
Los
que escuchan a Jesús se ven obligados a reaccionar. ¿Será verdad que el reino
de Dios es un tesoro oculto que escapa a sus ojos? ¿Será cierto que no es una
imposición de Dios, sino pura y simplemente un “tesoro”? Todos estaban
convencidos de su valor: lo esperaban y lo pedían a Dios como el bien supremo.
Ahora Jesús les dice: ¡Lo pueden encontrar ya! ¿Habrá que estar abiertos a la
sorpresa? ¿Será el reino de Dios algo inesperado que tal vez presentimos y
anhelamos, pero cuya bondad y belleza somos incapaces de sospechar? De ser
así, sería el colmo de la felicidad, la alegría total que relativiza todo lo
demás.
Nunca
el labrador ha visto un tesoro así; nunca el mercader ha tenido en sus manos
una perla tan preciosa. ¿Será así el reino de Dios? ¿Encontrar lo esencial,
tener la inmensa fortuna de hallar todo lo que el ser humano puede pedir y
desear?
Según
Jesús, el reino de Dios es una oportunidad que nadie ha de dejar pasar. Hay
que arriesgar lo que haga falta con tal de acogerlo. Todo lo demás es secundario,
todo ha de quedar subordinado. ¿Tendrá razón Jesús? La decisión ha de ser
inmediata y radical, pero ¿de qué está hablando Jesús? ¿Dónde se oculta ese
“tesoro” que él ha descubierto? ¿Dónde está germinando el “grano de mostaza”?
¿Dónde se puede apreciar la primavera? ¿En qué consiste esa fuerza salvadora
de Dios que está ya transformando secretamente la vida?
J.A. Pagola, Jesús. Acceso histórico
(Si el grupo lo considera adecuado formula
algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)
El texto de Teresa que vamos a
escuchar habla de un tesoro que Dios nos quiere dar, y que necesitamos disponernos
para recibirlo.
1. ¿Cuál es para nosotras/os ese
tesoro?
2. ¿A quién lo da Dios?
En
las quintas Moradas Teresa comienza a tratar cómo en la oración se une el alma
con Dios
¡Oh hermanas!,
¿cómo os podría yo decir la riqueza y
tesoros y deleites
que hay en las quintas moradas?
Creo fuera mejor no decir nada de las
que faltan,
pues no se ha de saber decir, ni el
entendimiento lo sabe entender,
ni las comparaciones pueden servir para
explicarlo,
porque son muy bajas las cosas de la
tierra para este fin.
Aunque todas las que traemos este
hábito sagrado del Carmen
somos llamadas a la oración y
contemplación,
porque este fue nuestro principio; de
esta casta venimos,
de aquellos santos padres nuestros del
Monte Carmelo
que en tan gran soledad y con tanto
desprecio del mundo
buscaban este tesoro, esta preciosa
margarita de que hablamos,
pocas nos disponemos para que nos la
descubra el Señor;
porque, cuanto a lo exterior, vamos
bien para llegar a lo que es menester;
en las virtudes, para llegar aquí,
hemos menester mucho mucho
y no descuidarnos poco ni mucho.
Por eso,
hermanas mías, alto a pedir al Señor,
que pues en
alguna manera podemos gozar del cielo en la tierra,
que nos dé su
favor para que no quede por nuestra culpa,
y nos muestre
el camino,
y dé fuerzas en
el alma para cavar hasta hallar este tesoro escondido,
pues es verdad
que le hay en nosotras mismas;
que esto
querría yo dar a entender, si el Señor es servido que sepa.
Dije «fuerzas
en el alma»,
para que
entendáis que no hacen falta las del cuerpo
a quien Dios
nuestro Señor no las da;
no imposibilita
a ninguno para comprar sus riquezas;
con que dé cada
uno lo que tuviere, se contenta.
¡Bendito sea
tan gran Dios!
Mas mirad,
hijas, que para esto que tratamos
no quiere que os quedéis con nada;
poco o mucho,
todo lo quiere para sí,
y conforme a lo
que entendiereis de vos que habéis dado,
se os darán
mayores o menores mercedes.
menores
mercedes.
No hay mejor
prueba para entender
si llega a
unión o si no nuestra oración.
1. ¿Con qué sintonizo más del texto?
2. Según interpreta Teresa, ¿cuál es el
tesoro que Dios nos quiere dar¿ ¿Cómo tenemos que disponernos para recibirlo?
1. ¿Qué nos dicen estas palabras de Teresa
a nosotros/as hoy?
2. ¿Estas palabras de Teresa nos evocan
algún otro texto de
(Si el grupo lo considera adecuado formula
algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)
El texto de Teresa que vamos a
escuchar se refiere a la presencia de Jesús en nostras/os. Vamos a conversar sobre
esto:
¿Cómo experimentamos esa
presencia?
En
el capítulo 9 de las Sextas Moras cuando Teresa se refiere a las visiones
imaginarias, trata de explicar una experiencia de la visión de
Está este Señor
como si
en una pieza de oro tuviésemos una piedra preciosa
de grandísimo valor y poder
curativo.
Aunque nunca la hemos visto, no
por eso la dejamos de valorar,
porque por experiencia hemos
visto que nos ha sanado
de algunas enfermedades para lo
que es apropiada;
mas no la osamos mirar ni abrir
el relicario,
ni podemos, porque la manera de
abrirle sólo la sabe el dueño de la joya
y aunque nos la prestó para que
nos aprovechásemos de ella,
él se quedó con la llave y, como
cosa suya,
abrirá cuando nos la quisiere
mostrar,
y aun la tomará cuando le
parezca, como lo hace.
Pues digamos
ahora que quiere alguna vez abrirla de
repente
por hacer bien a quien la ha
prestado:
claro está que tendrá después
mucho mayor contento
cuando se acuerde del admirable
resplandor de la piedra,
y así quedará más esculpida en su
memoria.
Pues así
acaece acá: cuando nuestro Señor quiere
regalar más a esta alma,
le muestra claramente su
sacratísima Humanidad de la manera que quiere:
como andaba en el mundo, o
después de resucitado;
y, aunque es con tanta rapidez
queda tan esculpido en la imaginación
esta imagen gloriosísima
que tengo por imposible quitarse
de ella,
hasta que la vea adonde para sin
fin la pueda gozar.
Aunque digo imagen, se entiende que no es pintada,
al parecer de quien la ve, sino
verdaderamente viva
y algunas veces se está hablando
con el alma
y aun mostrándole grandes
secretos.
Esta vista siempre pasa muy rápido
y casi todas las veces que Dios
hace esta merced al alma
se queda en arrobamiento,
que no puede su bajeza sufrir tan
espantosa vista.
Digo «espantosa», porque, con ser la más hermosa
y de
mayor deleite que podría una persona imaginar,
aunque viviese mil años y
trabajase en pensarlo,
es su presencia de tan grandísima majestad que hace
gran espanto al alma.
(...) Es necesario ir con aviso
hasta aguardar tiempo
del fruto que hacen estas
apariciones,
e ir poco a poco mirando la
humildad con que dejan al alma
y la fortaleza en la virtud
1. ¿Qué nos dicen estas palabras de
Teresa a nosotros/as hoy?
2. ¿Estas palabras de Teresa nos evocan
algún texto de
El
texto de Teresa que vamos a escuchar se refiere a la importancia de “desocupar”
nuestro interior para el encuentro con el Señor, y para que pueda obrar. Vamos
a conversar sobre esto:
Comentando la frase del Padrenuestro “que estás en
los cielos”, Teresa se refiere a la oración de recogimiento.
Hagamos de
cuenta
que dentro de
nosotras está un palacio de grandísima riqueza,
todo su
edificio de oro y piedras preciosas, en fin, como para tal Señor;
y que sois
vos parte para que este edificio sea tal, como a la verdad es así,
y que en este
palacio está este gran Rey,
que ha tenido
por bien ser vuestro Padre,
y que está en
un trono de grandísimo precio, que es vuestro corazón.
Parecerá esto
al principio cosa impertinente
- digo hacer
esta ficción para darlo a entender -
y podrá ser
aproveche mucho, a vosotras en especial.
Porque, como
no tenemos letras las mujeres,
todo esto es
necesario para que entendamos con verdad
que hay otra
cosa más preciosa, sin ninguna comparación,
dentro de
nosotras que lo que vemos por de fuera.
No nos
imaginemos huecas en lo interior.
Y plega a
Dios sean solas mujeres las que andan con este descuido;
que, si
trajésemos cuidado de acordarnos
tenemos tal
huésped dentro de nosotras,
tengo por imposible
nos diésemos tanto a las cosas del mundo,
porque
veríamos cuán bajas son para las que dentro poseemos.
Pues, ¿qué
más hace un animal que, viendo lo que le contenta a la vista,
harta su
hambre en la presa?
Sí, que
diferencia ha de haber de ellos a nosotras.
Se reirán de
mí por ventura, y dirán que esto está bien claro,
y tendrán
razón, porque para mí fue oscuro algún tiempo.
Bien entendía
que tenía alma;
mas lo que
merecía esta alma y quién estaba dentro de ella,
no lo
entendía.
Que - a mi
parecer -, si como ahora entiendo
que en este
palacio pequeñito de mi alma cabe tan gran Rey,
no le dejara
tantas veces solo; alguna me estuviera con Él
y más
procurara que no estuviera tan sucia.
Mas, ¡qué
cosa de tanta admiración,
quien llenara
mil mundos y muy muchos más con su grandeza,
encerrarse en
una cosa tan pequeña!
A la verdad,
como es Señor, consigo trae la libertad,
y como nos
ama, se hace a nuestra medida.
El punto está
en que se lo demos por suyo con toda determinación,
y lo
desocupemos para que pueda poner y quitar como en cosa propia.
Y tiene razón
Su Majestad; no se lo neguemos.
Pues si
llenamos el palacio de gente baja y de baratijas,
¿cómo ha de
caber el Señor con su corte?
Harto hace de
estar un poquito entre tantas cosas.
Como Él no ha
de forzar nuestra voluntad, toma lo que le damos;
mas no se da
a Sí del todo hasta que nos damos del todo.
Ni obra en el
alma, como cuando del todo, sin impedimento, es suya;
ni sé cómo ha
de obrar: es amigo de todo concierto.
Esto es cosa cierta
y, porque importa tanto,
os lo
recuerdo tantas veces.
1. ¿Qué nos dicen estas palabras de
Teresa a nosotros/as hoy?
2. ¿Nos evocan algún texto de
(Si el grupo lo considera adecuado formula
algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)