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UN TESORO

 

 

1.Evangelio: “Lleno de alegría vende todo lo que posee” 2

2.Teresa: “Poco o mucho, todo lo quiere para sí” 6

3. Teresa: “Le muestra claramente su sacratísima Humanidad” 8

4. Teresa: “No nos imaginemos huecas en nuestro interior” 10

  

 

1. Evangelio: “Lleno de alegría vende todo lo que posee”

 

1. Mirada contemplativa de la realidad

 

        En el encuentro de hoy vamos a compartir el relato de dos parábolas en la que Jesús compara el Reino con quienes descubren algo muy  valioso y dejan todo para conseguirlo. Vamos a conversar sobre esto:

 

1.       ¿Viviste algún encuentro o descubrimiento que marcó tu vida? ¿Cómo descubriste la llamada de Dios ahí?

 

 

2. Lectura orante de la Palabra: Mateo 13, 44-52

 

            El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

 

            El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

 

2. 1. Ver el texto de cerca

  1. ¿Qué tienen en común las dos parábolas? ¿En qué se diferencian?
  2. ¿Qué hacen los personajes?

 

2.2.  Escuchar el mensaje del texto

1.       ¿Qué nos enseña Jesús sobre el Reino con estas parábolas?

2.      ¿A qué nos desafía?

 

2.3. Ayuda para el grupo

Je­sús pronunció dos pequeñas parábolas que no extrae de la experiencia cotidiana, sino de la fantasía de los cuentos orientales, para despertar en la gente la alegría y la decisión ante la llegada de Dios.

 

Un pobre labrador está cavando en un terreno del que no es propietario cuando, de pronto, encuentra un tesoro escondido bajo tierra en un cofre. No es difícil imaginar su sorpresa y alegría. No se lo piensa dos veces. Es la ocasión de su vida y no la puede desaprovechar: esconde de nuevo el cofre, vende todo lo que tiene, compra el campo y se hace con el tesoro. A los cam­pesinos de Galilea les encantaba este tipo de relatos. Su región había sido invadida por toda clase de ejércitos a lo largo de los siglos, y todos sabían que la mejor manera de escapar al saqueo de los soldados asirios, macedo­nios o romanos había sido siempre enterrar sus pequeñas fortunas en un lu­gar seguro. Según Flavio Josefo, después de la caída de Jerusalén del año 70, los romanos “desen­terraron oro, plata y otros objetos preciosos, cuyos propietarios los habían escondido bajo tie­rra en vista de la suerte incierta de la guerra” (La guerra judía VII, 115). Más de un campesino soñaba todavía con encontrar un día uno de esos tesoros olvidado en algún rincón.

 

En la parábola de la perla el protagonista no es un pobre labrador, sino un rico trafi­cante de perlas. Su negocio consiste en comprarlas en los países lejanos de Oriente y venderlas luego a un precio mucho más elevado. De pronto encuentra una perla de valor incalculable. Su olfato de experto no le en­gaña. Rápidamente toma una decisión: vende todos sus bienes y se hace con ella. Los oyentes “entienden” el relato. Cerca de Cafarnaún pasa la Vía marís, una gran ruta comercial por donde llegan las caravanas de Oriente de paso hacia Egipto y los puertos del Mediterráneo. En alguna ocasión han podido ver a los mercaderes con su carga de perlas extraídas en el Golfo Pérsico o los mares de la India.  Según Plinio el Viejo, Cleopatra, famosa por sus relaciones amorosas con César y An­tonio, poseía una perla que no valía menos de cien mil sestercios (algo más de dieciocho mi­llones de euros).

 

Los que escuchan a Jesús se ven obligados a reaccionar. ¿Será verdad que el reino de Dios es un tesoro oculto que escapa a sus ojos? ¿Será cierto que no es una imposición de Dios, sino pura y simplemente un “te­soro”? Todos estaban convencidos de su valor: lo esperaban y lo pedían a Dios como el bien supremo. Ahora Jesús les dice: ¡Lo pueden encontrar ya! ¿Habrá que estar abiertos a la sorpresa? ¿Será el reino de Dios algo inesperado que tal vez presentimos y anhelamos, pero cuya bondad y be­lleza somos incapaces de sospechar? De ser así, sería el colmo de la felici­dad, la alegría total que relativiza todo lo demás.

 

Nunca el labrador ha visto un tesoro así; nunca el mercader ha tenido en sus manos una perla tan preciosa. ¿Será así el reino de Dios? ¿Encontrar lo esencial, tener la in­mensa fortuna de hallar todo lo que el ser humano puede pedir y desear?

 

Según Jesús, el reino de Dios es una oportunidad que nadie ha de de­jar pasar. Hay que arriesgar lo que haga falta con tal de acogerlo. Todo lo demás es secundario, todo ha de quedar subordinado. ¿Tendrá razón Je­sús? La decisión ha de ser inmediata y radical, pero ¿de qué está ha­blando Jesús? ¿Dónde se oculta ese “tesoro” que él ha descubierto? ¿Dónde está germinando el “grano de mostaza”? ¿Dónde se puede apre­ciar la primavera? ¿En qué consiste esa fuerza salvadora de Dios que está ya transformando secretamente la vida?

J.A. Pagola, Jesús. Acceso histórico

 

 

 

3. Respuesta agradecida

 

3.1 ¿Qué me invita a vivir la experiencia y la Palabra compartidas?

 

3.2 En forma de oración ponemos en común lo que Dios ha suscitado en nosotras/os en este encuentro.

 

(Si el grupo lo considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)

 

 


 

2.Teresa: “Poco o mucho, todo lo quiere para sí”

 

 

1. Mirada contemplativa de la realidad

 

El texto de Teresa que vamos a escuchar habla de un tesoro que Dios nos quiere dar, y que necesitamos disponernos para recibirlo.

1. ¿Cuál es para nosotras/os ese tesoro?

2. ¿A quién lo da Dios?

 

2. Lectura orante de Teresa: V Moradas 1, 1 -3

 

En las quintas Moradas Teresa comienza a tratar cómo en la oración se une el alma con Dios

 

¡Oh hermanas!,

¿cómo os podría yo decir la riqueza y tesoros y deleites

que hay en las quintas moradas?

Creo fuera mejor no decir nada de las que faltan,

pues no se ha de saber decir, ni el entendimiento lo sabe entender,

ni las comparaciones pueden servir para explicarlo,

porque son muy bajas las cosas de la tierra para este fin.

 

Aunque todas las que traemos este hábito sagrado del Carmen

somos llamadas a la oración y contemplación,

porque este fue nuestro principio; de esta casta venimos,

de aquellos santos padres nuestros del Monte Carmelo

que en tan gran soledad y con tanto desprecio del mundo

buscaban este tesoro, esta preciosa margarita de que hablamos,

pocas nos disponemos para que nos la descubra el Señor;

porque, cuanto a lo exterior, vamos bien para llegar a lo que es menester;

en las virtudes, para llegar aquí, hemos menester mucho mucho

y no descuidarnos  poco ni mucho.

 

Por eso, hermanas mías, alto a pedir al Señor,

que pues en alguna manera podemos gozar del cielo en la tierra,

que nos dé su favor para que no quede por nuestra culpa,

y nos muestre el camino,

y dé fuerzas en el alma para cavar hasta hallar este tesoro escondido,

pues es verdad que le hay en nosotras mismas;

que esto querría yo dar a entender, si el Señor es servido que sepa.

 

Dije «fuerzas en el alma»,

para que entendáis que no hacen falta las del cuerpo

a quien Dios nuestro Señor no las da;

no imposibilita a ninguno para comprar sus riquezas;

con que dé cada uno lo que tuviere, se contenta.

¡Bendito sea tan gran Dios!

Mas mirad, hijas, que para esto que tratamos

no  quiere que os quedéis con nada;

poco o mucho, todo lo quiere para sí,

y conforme a lo que entendiereis de vos que habéis dado,

se os darán mayores o menores mercedes.

menores mercedes.

No hay mejor prueba para entender

si llega a unión o si no nuestra oración.

 

2.1 Ver el texto de cerca

1. ¿Con qué sintonizo más del texto?

2. Según interpreta Teresa, ¿cuál es el tesoro que Dios nos quiere dar¿ ¿Cómo tenemos que disponernos para recibirlo?

 

2.2.  Escuchar el mensaje del texto

1. ¿Qué nos dicen estas palabras de Teresa a nosotros/as hoy?

2. ¿Estas palabras de Teresa nos evocan algún otro texto de la Biblia?

 

3. Respuesta agradecida

3.1 ¿Qué me invita a vivir la experiencia y la Palabra compartidas?

 

3.2 En forma de oración ponemos en común lo que Dios ha suscitado en nosotras/os en este encuentro.

(Si el grupo lo considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)

 

 

 

3. Teresa: “Le muestra claramente su sacratísima Humanidad”

 

1. Mirada contemplativa de la realidad

 

El texto de Teresa que vamos a escuchar se refiere a la presencia de Jesús en nostras/os. Vamos a conversar sobre esto:

¿Cómo experimentamos esa presencia?

 

2. Lectura orante de Teresa: VI Moradas 9, 2 -

 

En el capítulo 9 de las Sextas Moras cuando Teresa se refiere a las visiones imaginarias, trata de explicar una experiencia de la visión de la Humanidad de Jesús.

Está este Señor

como si en una pieza de oro tuviésemos una piedra preciosa

de grandísimo valor y poder curativo.

Aunque nunca la hemos visto, no por eso la dejamos de valorar,

porque por experiencia hemos visto que nos ha sanado

de algunas enfermedades para lo que es apropiada;

mas no la osamos mirar ni abrir el relicario,

ni podemos, porque la manera de abrirle sólo la sabe el dueño de la joya

y aunque nos la prestó para que nos aprovechásemos de ella,

él se quedó con la llave y, como cosa suya,

abrirá cuando nos la quisiere mostrar,

y aun la tomará cuando le parezca, como lo hace.

 

Pues digamos ahora que quiere alguna vez abrirla de repente

por hacer bien a quien la ha prestado:

claro está que tendrá después mucho mayor contento

cuando se acuerde del admirable resplandor de la piedra,

y así quedará más esculpida en su memoria.

Pues así acaece acá: cuando nuestro Señor quiere regalar más a esta alma,

le muestra claramente su sacratísima Humanidad de la manera que quiere:

como andaba en el mundo, o después de resucitado;

y, aunque es con tanta rapidez

queda tan esculpido en la imaginación esta imagen gloriosísima

que tengo por imposible quitarse de ella,

hasta que la vea adonde para sin fin la pueda gozar.

 

Aunque digo imagen, se entiende que no es pintada,

al parecer de quien la ve, sino verdaderamente viva

y algunas veces se está hablando con el alma

y aun mostrándole grandes secretos.

 

Esta vista siempre pasa muy rápido

y casi todas las veces que Dios hace esta merced al alma

se queda en arrobamiento,

que no puede su bajeza sufrir tan espantosa vista.

 

Digo «espantosa», porque, con ser la más hermosa

y de mayor deleite que podría una persona imaginar,

aunque viviese mil años y trabajase en pensarlo,

es su presencia de tan grandísima majestad que hace gran espanto al alma.

 

(...) Es necesario ir con aviso hasta aguardar tiempo

del fruto que hacen estas apariciones,

e ir poco a poco mirando la humildad con que dejan al alma

y la fortaleza en la virtud

 

2.1  Ver el texto de cerca

3.    ¿Qué es lo que más nos gusta del texto? ¿Por qué?

4.    ¿Qué luz aporta sobre Jesús y sobre el ser humano?

 

2.2.  Escuchar el mensaje del texto

1. ¿Qué nos dicen estas palabras de Teresa a nosotros/as hoy?

2. ¿Estas palabras de Teresa nos evocan algún texto de la Biblia?

 

3. Respuesta agradecida

 

3.1 ¿Qué me invita a vivir la experiencia y la Palabra compartidas?

 

3.2 En forma de oración ponemos en común lo que Dios ha suscitado en nosotras/os en este encuentro.

 

(Si el grupo lo considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)

 

 

4. Teresa: “No nos imaginemos huecas en nuestro interior”

 

1. Mirada contemplativa de la realidad

 

El texto de Teresa que vamos a escuchar se refiere a la importancia de “desocupar” nuestro interior para el encuentro con el Señor, y para que pueda obrar. Vamos a conversar sobre esto:

 

2. Lectura orante de Teresa: Camino 28, 9 ss

Comentando la frase del Padrenuestro “que estás en los cielos”, Teresa se refiere a la oración de recogimiento.

 

Hagamos de cuenta

que dentro de nosotras está un palacio de grandísima riqueza,

todo su edificio de oro y piedras preciosas, en fin, como para tal Señor;

y que sois vos parte para que este edificio sea tal, como a la verdad es así,

y que en este palacio está este gran Rey,

que ha tenido por bien ser vuestro Padre,

y que está en un trono de grandísimo precio, que es vuestro corazón.

 

Parecerá esto al principio cosa impertinente

- digo hacer esta ficción para darlo a entender -

y podrá ser aproveche mucho, a vosotras en especial.

Porque, como no tenemos letras las mujeres,

todo esto es necesario para que entendamos con verdad

que hay otra cosa más preciosa, sin ninguna comparación,

dentro de nosotras que lo que vemos por de fuera.

No nos imaginemos huecas en lo interior.

Y plega a Dios sean solas mujeres las que andan con este descuido;

que, si trajésemos cuidado de acordarnos

tenemos tal huésped dentro de nosotras,

tengo por imposible nos diésemos tanto a las cosas del mundo,

porque veríamos cuán bajas son para las que dentro poseemos.

 

Pues, ¿qué más hace un animal que, viendo lo que le contenta a la vista,

harta su hambre en la presa?

Sí, que diferencia ha de haber de ellos a nosotras.

Se reirán de mí por ventura, y dirán que esto está bien claro,

y tendrán razón, porque para mí fue oscuro algún tiempo.

Bien entendía que tenía alma;

mas lo que merecía esta alma y quién estaba dentro de ella,

no lo entendía.

Que - a mi parecer -, si como ahora entiendo

que en este palacio pequeñito de mi alma cabe tan gran Rey,

no le dejara tantas veces solo; alguna me estuviera con Él

y más procurara que no estuviera tan sucia.

 

Mas, ¡qué cosa de tanta admiración,

quien llenara mil mundos y muy muchos más con su grandeza,

encerrarse en una cosa tan pequeña!

A la verdad, como es Señor, consigo trae la libertad,

y como nos ama, se hace a nuestra medida.

 

El punto está en que se lo demos por suyo con toda determinación,

y lo desocupemos para que pueda poner y quitar como en cosa propia.

Y tiene razón Su Majestad; no se lo neguemos.

Pues si llenamos el palacio de gente baja y de baratijas,

¿cómo ha de caber el Señor con su corte?

Harto hace de estar un poquito entre tantas cosas.

Como Él no ha de forzar nuestra voluntad, toma lo que le damos;

mas no se da a Sí del todo hasta que nos damos del todo.

Ni obra en el alma, como cuando del todo, sin impedimento, es suya;

ni sé cómo ha de obrar: es amigo de todo concierto.

 

Esto es cosa cierta y, porque importa tanto,

os lo recuerdo tantas veces.

 


2.1 Ver el texto de cerca

1. ¿Qué frase nos gusta más?

2. ¿Qué comparaciones usa? ¿Qué aportan para explicar el modo en que entiende la presencia de Dios en nosotras/os?

3. ¿Qué recomendaciones concretas da para el tiempo de oración?

 

2.2.  Escuchar el mensaje del texto

1. ¿Qué nos dicen estas palabras de Teresa a nosotros/as hoy?

2. ¿Nos evocan algún texto de la Biblia?

 

3. Respuesta agradecida

3.1 ¿Qué me invita a vivir la experiencia y la Palabra compartidas?

 

3.2 En forma de oración ponemos en común lo que Dios ha suscitado en nosotras/os en este encuentro.

 

(Si el grupo lo considera adecuado formula algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)

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