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ACERCARSE A JESÚS
1. Evangelio: “A quien se perdona mucho muestra mucho amor”
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1. Evangelio: “A
quien se perdona mucho muestra mucho amor”
El texto que vamos a leer muestra cómo
Jesús trataba a las personas marginadas y excluidas de la sociedad. Tenía mucha
apertura y misericordia, no tenía prejuicios. Llamaba a todos, convivía con
todo el mundo. Vamos a conversar un poco sobre esto:
·
Hoy en nuestra sociedad ¿quién es marginado/a y
excluido/a? ¿Por qué?
·
En nuestra comunidad ¿tenemos prejuicios?
¿Cuáles?
·
¿Cuáles son las consecuencias que eso trae?
(Hacerla de forma dialogada: Relator/a,
fariseo, Jesús, comensales)
Un fariseo rogó Jesús que
comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en
la ciudad una mujer pecadora pública. Al enterarse de que estaba comiendo en
casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume y, poniéndose detrás,
a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con
los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el
perfume.
Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para
sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está
tocando, pues es una pecadora.»
Jesús le respondió: «Simón, tengo
algo que decirte.»
Él dijo: «Di, maestro.»
«Un acreedor tenía dos
deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían
para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?»
Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más.»
Él le dijo: «Has juzgado bien.»
Y, volviéndose hacia la
mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer?
Entré en tu casa y no me
diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas y
los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no
ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido
mis pies con perfume. Por eso te digo que mucho se le debe de haber perdonado,
porque es mucho el amor y la gratitud que está mostrando. En cambio aquel al
que se le perdona poco, demuestra poco amor.»
Y le dijo a ella: «Tus
pecados quedan perdonados.»
Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste, que hasta
perdona los pecados?»
Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz.»
En tiempos del Nuevo Testamento, en
Palestina, la mujer vivía marginada. No participaba de la sinagoga, no podía
hacer de testigo en la vida pública. Desde el tiempo de Esdras (s. IV a. d. C),
la resistencia a esta situación iba creciendo, como vemos en la historia
de Judit, Ester, Ruth, Noemí, Susana,
Una mujer lava los pies de Jesús en
casa de un Fariseo
Tres personas totalmente diferentes
se encuentran: Jesús, un fariseo y una mujer, de la que se decía que era pecadora.
Jesús está en la casa de Simón, el fariseo que lo había invitado a comer. Una
mujer entra, se arrodilla a los pies de Jesús, comienza a llorar, le baña los
pies con sus lágrimas, se suelta los cabellos para secar los pies de Jesús, los
besa y los unge con perfume. Soltarse el cabello en público era un acto de
independencia. Esta situación causa la discusión que sigue.
La respuesta de los fariseos y la
respuesta de Jesús
Jesús no se echa para atrás, ni
aleja a la mujer, más bien acoge su gesto. Recibe a una persona que, según los
judíos observantes de la época, no podía ser recibida. El fariseo, observando
la escena, critica a Jesús y condena a la mujer. Jesús se sirve de una parábola
para responder a la provocación del fariseo. Una parábola que ayudará al
fariseo y a todos a percibir la llamada invisible del amor de Dios a partir de
la experiencia que la persona tiene de la vida.
La parábola de los dos deudores y la
respuesta del fariseo
La parábola supone que los dos, tanto
la mujer como el fariseo, habían
recibido algún favor de parte de Jesús. Y ahora en el comportamiento que
asumen delante de él, los dos muestran cómo aprecian el favor recibido. El
fariseo muestra su amor, su gratitud, invitando a Jesús a comer a su casa. La
mujer muestra su amor, su gratitud con lágrimas, con besos y con el perfume.
¿Cuál de los dos gestos revela mayor amor: invitar a comer o los besos y el
perfume? La medida del amor ¿depende acaso de la medida del regalo?
Jesús aplica la parábola y defiende
a la mujer
Después de haber recibido la
respuesta correcta del fariseo, Jesús la aplica la parábola. Defiende a la
mujer pecadora contra la crítica del judío practicante. Lo que Jesús repite a
los fariseos de todos los tiempos es esto: “¡A quien le ha sido perdonado poco,
demuestra poco amor!”. La seguridad personal que yo, fariseo, me creo
por mi observancia de las leyes de Dios y de
El amor hace nacer el perdón, el
perdón hace crecer el amor
Aquí aparece la novedad del
comportamiento de Jesús. Él no condena, sino que acoge. Fue la fe la que ayudó
a la mujer a reponerse y a encontrarse consigo misma y con Dios. En su trato
con Jesús irrumpe en ella una fuerza nueva que la hace renacer.
Se nos viene una pregunta
importante. La mujer, pecadora en la ciudad, ¿hubiera hecho lo que hizo si no
hubiese tenido la certeza absoluta de ser acogida por Jesús? Esto significa que
para los pobres de
Carlos Mesters,
Lectura orante del Evangelio de Lucas
(Si el grupo lo considera adecuado formula
algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)
El episodio de la pecadora en
casa del Fariseo al que alude Teresa en los dos textos que vamos a leer, hace
referencia al cambio que produce en las persona el encuentro con Jesús. Vamos a
conversar sobre esto:
Teresa era “muy
devota de la gloriosa Magdalena”. Treces veces la cita en sus escritos a
esta “bendita santa”. En época de Teresa la devoción de
Sé de esta persona que muchos años,
aunque no era muy perfecta, cuando
comulgaba,
como creía verdaderamente entraba este Señor en
su pobre posada
se desocupaba de todas las cosas exteriores
cuanto le era posible
y entraba con Él.
Procuraba recoger los sentidos para que todos
entendiesen tan gran bien.
Se consideraba a sus pies y lloraba con
ni más ni menos que si con los ojos corporales
le viera en casa del fariseo;
y aunque no sintiese devoción, la fe la decía
que estaba bien allí.
¯
Quienes de veras aman a Dios
no pretende otra cosa sino
contentar al Amado.
Andan muriendo porque los ame,
y así ponen la vida en entender
cómo le agradarán más.
¿Esconderse? ¡Oh, que el amor de
Dios
- si de veras es amor - es imposible
esconderse.
Si no, mirad un San Pablo, una
Magdalena;
en tres días el uno comenzó a
entender que estaba enfermo de amor;
éste fue San Pablo.
Que esto tiene, que hay más o
menos,
y así se da a entender como la
fuerza que tiene el amor:
si es poco, se da a entender
poco, y si es mucho, mucho;
mas poco o mucho, como haya amor
de Dios,
siempre se entiende.
1. ¿Qué es lo que más te gustó del texto?
¿Por qué?
2. ¿Qué aspectos de la “pecadora” resalta
Teresa?
1. ¿Qué nos dicen las palabras de Teresa
a nosotra/os hoy?
2. ¿Nos evoca algún texto bíblico?
(Si el grupo lo considera adecuado formula
algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)
En
el texto que vamos a escuchar Teresa se refiere a una experiencia fuerte de
conversión, a los 39 años de edad y 20 años de vida religiosa, después de un
largo período de lucha interior. Vamos a
conversar sobre esto:
El
hecho que relata Teresa en este texto marca un cambio fundamental en su vida. “Es otro libro nuevo de aquí adelante, digo
otra vida nueva. La de hasta aquí era mía. Desde aquí, es que vivía Dios en mí,
a lo que me parecía. Sea el Señor alabado, que me libró de mí”.
Por un lado
tenía gran consuelo en los sermones,
por otro me
atormentaba;
porque allí
entendía yo que no era la que había de ser.
Suplicaba al
Señor me ayudase
mas debía
faltar de no poner en todo la confianza en Su Majestad
y perderla del
todo de mí.
Buscaba
remedio; hacía diligencias,
mas no debía
entender que todo aprovecha poco,
si quitada del
todo la confianza de nosotros, no la ponemos en Dios.
Deseaba vivir -
que bien entendía que no vivía,
sino que
peleaba con una sombra de muerte -;
y no había
quien me diese vida, y no la podía yo tomar;
y quien me la
podía dar, tenía razón de no socorrerme,
pues tantas
veces me había tornado a Sí y yo lo había dejado.
Pues ya andaba
mi alma cansada y aunque quería
no la dejaban
descansar las ruines costumbres que tenía.
Me sucedió que,
entrando un día en el oratorio,
vi una imagen
que habían traído allí a guardar.
Era de Cristo
muy llagado y tan devota que, en cuanto la miré,
toda me turbó
de verle tal,
porque
representaba bien lo que pasó por nosotros.
Fue tanto lo que
sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas,
que el corazón
me parece se me partía,
y me arrojé a
su lado con grandísimo derramamiento de lágrimas,
suplicándole me
fortaleciese ya de una vez para no ofenderle.
Me parece le
dije entonces,
que no me había
de levantar de allí hasta que hiciese lo que le suplicaba.
Era yo muy
devota de la gloriosa Magdalena,
y muchas veces
pensaba en su conversión, en especial cuando comulgaba;
que como sabía
estaba allí cierto el Señor dentro de mí,
me ponía a sus
pies, pareciéndome no eran de desechar mis lágrimas;
y me
encomendaba a esta gloriosa Santa para que me alcanzase perdón.
Mas esta última
vez de esta imagen que digo,
me parece me
aprovechó más,
porque estaba
ya muy desconfiada de mí
y ponía toda mi
confianza en Dios.
Creo cierto me
aprovechó, porque fui mejorando mucho desde entonces.
1. ¿Qué es lo que más te gustó del texto?
¿Por qué?
2. ¿Cómo describe el tiempo de su lucha
interior?
3. ¿Cómo describe su conversión? ¿Con
quién se identifica?
1. ¿Qué nos dicen las palabras de Teresa
a nosotra/os hoy?
2. ¿Nos evoca algún texto bíblico?
En el texto que vamos a leer Teresa alude al
hecho de que la entrega a Dios no es generalmente de un día para otro, sino un
proceso que dura toda la vida. Vamos a conversar sobre esto:
1.
¿Cómo fue tu experiencia de determinarte a
seguir a Jesús?
2.
¿Qué medios te ayudaron a sostener esta
determinación a lo largo de tu vida?
En el texto que está a continuación están
fusionados dos pasajes del libro de
¡Oh Señor de mi alma y Bien mío!
¿Por qué no quisisteis que al
determinarse un alma a amaros,
con hacer lo que puede en dejarlo
todo
para emplearse mejor en este amor
de Dios,
enseguida gozase de subir a tener
este amor perfecto?
Mal he dicho; había de decir y
quejarme por qué no queremos nosotros; pues toda la falta nuestra es en no
gozar enseguida de tan gran dignidad.
Nos cuesta tanto y somos tan
tardíos para darnos del todo a Dios que,
como Su Majestad no quiere
gocemos de cosa tan preciosa
sin gran precio, no acabamos de
disponernos.
Bien veo que no hay con que se
pueda comprar tan gran bien en la tierra;
mas si hiciésemos lo que podemos
en no asirnos a nada de ella,
sino que todo nuestro cuidado y trato
fuese en el cielo,
creo yo sin duda muy en breve se
nos daría este bien,
si en breve del todo nos
dispusiésemos, como algunos santos lo hicieron.
Como lo hizo con
lo hace en otras personas, conforme a lo que ellas
hacen
en dejar hacer a Su Majestad.
No acabamos de creer, que aún en
esta vida da Dios ciento por uno.
Mas nos parece que lo damos todo,
y es que ofrecemos a Dios
la renta o los frutos y nos
quedamos con la raíz y posesión.
Nos determinamos a ser pobres - y
es de gran merecimiento -;
mas muchas veces volvemos a tener
cuidado y diligencia
para que no nos falte, no sólo lo
necesario, sino lo superfluo,
y a granjear los amigos que nos
lo den y ponernos en mayor cuidado
porque no nos falte que el que antes
teníamos en poseer la hacienda.
Parece también que dejamos la
honra en ser religiosos
o en haber ya comenzado a tener
vida espiritual y a seguir perfección,
y no nos han tocado en un punto
de honra,
cuando no se nos acuerda que la
hemos ya dado a Dios
y nos queremos volver a adueñar
de ella, y tomársela de las manos,
Así son todas las otras cosas.
¡Donosa manera de buscar amor de Dios!
Así que, porque no se acaba de
dar junto,
no se nos da todo junto este
tesoro.
Quiera al Señor que gota a gota
nos le dé Su Majestad,
aunque sea costándonos todos los
trabajos del mundo.
1. ¿Con qué expresión sentimos más
sintonía? ¿Con cuál no?
2. ¿A qué atribuye el que no se alcance
enseguida el amor perfecto?
3. ¿Qué propone que hagamos de nuestra
parte?
1. ¿Qué actitud nos invitan a asumir
estas Palabras de Teresa?
3. ¿Nos
evocan algún texto de
¿Qué me invita a vivir la experiencia y
En forma de oración ponemos en común lo que
Dios ha suscitado en nosotras/os en este encuentro.
(Si el grupo lo considera adecuado formula
algún acuerdo comunitario que les ayude a vivir lo que surgió en la oración)