Fundadora

      

  Nació el 14 de enero de 1854 en Godall (Tarragona). Conoció al Padre Fundador en 1873, y fue de las primeras en ingresar en la recién fundada Archicofradía. Sentía inclinación por la vida contemplativa. Pero los Ejercicios de 1876, dirigidos por Don Enrique en aquella casita de la Bajada del Patriarca, la decidieron a consagrarse a Dios en la Compañía. La Providencia le marcaba un camino que ella seguiría hasta el final. Vistió el hábito e hizo los votos temporales y perpetuos el mismo día que las demás fundadoras. En el mismo octubre del 82 en que pronunció sus votos perpetuos fue nombrada Superiora y Maestra del Noviciado de Jesús, y el año siguiente, junto con otras cinco de las fundadoras, hizo el Juramento de Perseverancia el día de la Transverberación.

            Superiora de Roda de Bará en sus principios, Maestra de Novicias, dos veces Superiora General, y Consultora General durante tres Generalatos, poco tiempo descansó de graves responsabilidades sobre la Compañía. La única vez que quedó libre de cargos fue con ocasión del  III Capítulo General, en que la M. General electa, Saturnina Jassá, hubo de ser sustituida. Se procedió entonces a una nueva elección, que recayó en la M. Blanch. Escasamente cuatro meses de descanso para reemprender el camino difícil del gobierno de la Congregación.

            Estuvo presente en la fundación de Toluca (México) y fue seis años Superiora del Colegio de Barcelona (Rambla de Cataluña), del que también fue fundadora.

            Murió a los 88 años, el día de Navidad de 1942, siendo Consultora General, en la Casa Madre de Barcelona.

            La M. Blanch representó para la Compañía la sombra del Padre. Reencarnó y prolongó en su persona el silencio que él había observado sobre los dolores más graves de su vida y le acompañó hasta la muerte por el duro camino que juntos, cada uno desde su puesto, hubieron de recorrer. Dios les dotó de una gran semejanza moral. La M. Teresa era una mujer encendida de caridad y de abandono filial en Dios. Con su muerte, se reunió en el  cielo el coro completo de las ocho fundadoras. Vivió en la Compañía 66 años, y le dio todo lo que era. El Generalato de 1889 a 1898, en que fue Vicesuperiora General, la selló para la `perseverancia en la caridad, en el silencio y en el amor y fidelidad a la Compañía. Su prudencia sobrenatural ayudó a la Compañía a cobrar consistencia interior. Ha sido definida "barra de hierro forrada de terciopelo".

Fuente: "Cien Años de la Compañía de Santa Teresa de Jesús" Ediciones S.T.J. , Barcelona 1983