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125 años - Compañía de Santa Teresa de Jesús - 125 años |
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COMPAÑÍA DE SANTA TERESA DE JESÚS | |
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Un carisma para el mundo |
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La
Compañía de Santa Teresa de Jesús, fundada por Enrique El
objetivo último de la Compañía es la transformación del mundo. Vive,
por lo tanto, la utopía del Reino y cree en ella. Esta meta inalcanzable
la hace estar siempre vigilante, impulsada por la dialéctica de la
recreación constante de la realidad según el Espíritu. No puede pararse
ni quedarse contemplando la historia, sino que ha de ser para ella
colaboradora, constructora y proyectadora. Nuestro
estilo de llevar a cabo la misión parte de la lectura del Evangelio desde
la espiritualidad teresiana. Desde la perspectiva teresiana descubrimos al
Jesús humano que hace una opción fundamental: la extensión del Reino de
una manera personal, desde el interior. Por eso ser Teresiana es creer en
el Dios encarnado y humanizarse con Él; tener la mirada constantemente
puesta en el Padre, como Jesús, y encontrarlo como amigo y compañero;
seguir al que caminó incansable por Galilea dialogando con los
marginados, acercándose a los niños, haciendo que cada uno encontrara lo
mejor que llevaba dentro. Ser teresiana es creer en la humanidad, y
jugarse la vida por ella, como lo hizo el Dios que quiso vivir para
siempre entre nosotros. |
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La
Compañía está llamada a prolongar experiencialmente este legado, tiene
que ser una especialista apasionada en la comunicación con Dios, una
valoradora de la persona como lugar privilegiado de encuentro con Él, una
transmisora de esta energía vital que comunica el contacto del Absoluto
en nosotros. “El
alma es un castillo de diamante o muy claro cristal”, dice Santa
Teresa. Cada ser humano es como una piedra preciosa, el material más
valioso. Importante no sólo porque Dios vive en su interior, sino por sí
mismo. El respeto y dedicación a la persona por medio de la educación
constituye un punto clave en el ser de la Compañía. La
espiritualidad teresiana, enraizada y fundamentada en la interioridad, no
puede observar las cosas desde fuera, ni juzgar el exterior, sino que
sigue al Jesús que se detuvo con el cobrador de impuestos, con la
samaritana, con la adúltera, los, niños, los pobres, con los amigos, los
que estaban al borde del camino... y en todos fue capaz de ver más allá.
La
Compañía está vocacionada para un constante diálogo y valoración de
toda forma de vida y de pensamiento, como lo hizo Jesús, sin quedarse en
los aspectos más exteriores y pasajeros. La integración en cualquier
tipo de cultura y de sociedad, la aceptación y acercamiento a otras
maneras de ser y de entender el hombre son propias de alguien que ha
descubierto que Jesús está presente en cada persona. La
Compañía de Santa Teresa, que tiene como propuesta fundamental la relación
con Dios y una manera positiva e interior de entender el hombre, es
eminentemente activa. Paradoja y gracia carismática: Santa Teresa, una
monja de clausura, fue llamada “la andariega”, y Enrique de Ossó, que
vivió intensa y comprometidamente su tiempo, se denominó a sí mismo
“el solitario”. La interioridad y la actividad están en la Compañía
íntimamente ligadas. Una empuja, justifica y alimenta a la otra. Movidas
por la pasión de llevar a Jesús allá donde sea más difícil que
llegue, de enseñar a orar, de construir personas según la espiritualidad
de las Moradas, las teresianas hemos de ser capaces de romper prejuicios,
de otear siempre el futuro superando las barreras del presente, de
sobrepasar con confianza las dificultades, de movernos con agilidad por
las coyunturas políticas y sociales, de arriesgar la propia vida, la fama
y el éxito. Tenemos que buscar todos los medios al alcance, sin ignorar
nada que pueda ayudar a llevar a cabo nuestra propuesta, aprovechando las
nuevas herramientas de evangelización que cada tiempo nos muestra. Esto
hay que hacerlo, tal como lo pensó Enrique de Ossó, plenamente insertas
en la vida de cada sociedad, siendo una más en la lucha cotidiana de
nuestros hermanos, abiertas a todo lo nuevo que nazca a nuestro lado, para
hacer realidad la parábola de la levadura que, mezclada con la masa,
acaba transformándola.
La
Compañía no tiene preferencias geográficas y sí, en cambio, una vocación
de universalidad. El lugar de la teresiana es allá donde hay que
dignificar al hombre: en el campo o en la ciudad, en la selva o sobre el
asfalto, en el norte o en el sur, en escuelas o en la calle, con jóvenes
o adultos, sobre todo allí donde cada circunstancia muestre personas que
necesitan esperanza en Jesús.
Para llevar a cabo nuestra misión, a las
teresianas se nos pide vivir como lo hizo Teresa de Jesús: con una honda
experiencia de Dios, fundamento de nuestra actividad; desde la verdad como
forma propia de colocarnos ante la vida; con fortaleza, para no pararnos
nunca ante ninguna dificultad; con alegría, porque quien ha conocido a
Dios no puede perder la esperanza; con una creatividad constante para
buscar en cada encrucijada de la historia cuál ha de ser el lugar y la
encarnación concreta de nuestro seguimiento a Jesús de Nazaret. |
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