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SAN ENRIQUE DE OSSÓ Su confianza de “hijo muy amado” ¿Cómo
pudo Enrique de Ossó vivir sereno y feliz entre tantas preocupaciones y
contrariedades?. Conocemos algo de las dificultades que le acosaron desde
que fundó la Compañía -no voy a entrar ahora en ellas‑, ¿qué le
mantuvo en la brecha a pesar del dolor?. Porque doler, dolían... y unas
cosas más que otras. En la Revista lo deja entrever: “... entre todos los trabajos que nos puedan sobrevenir,
según dictamen de la Seráfica y experimentada doctora Santa Teresa de
Jesús, es el mayor la contradicción de buenos, porque si los malos
condenan las cosas buenas, no nos sorprende, y hasta nos anima a proseguir
en nuestros santos empeños, pero si son personas buenas y temerosas de
Dios los que contradicen nuestras obras, es motivo grande de disgusto y
desaliento. (RT, abril-1895, Desde la soledad)
Unas líneas más abajo revela su secreto: “Dios en su Providencia inefable, no sólo nos da su gracia
para las obras ordinarias, sino para todos los accidentes que nos puedan
sobrevenir. Es mejor que una madre solícita y cariñosa que prepara, no sólo
remedio previo a todas las necesidades de sus hijos, sino que procura
apartar de ellos todo lo que puede dañarles, y si algo permite les
sobrevenga que les desagrade, de ello saca mayor bien.”
Sí, nuestro Padre se sabía hijo “muy amado” por un Dios con
entrañas “más que de padre y más que de madre” y descansaba en Él
confiado. Encontramos en todas sus acciones y escritos signos de esta
confianza que había aprendido del talante y las palabras de Jesús.
Os ofrezco dos muestras que en algún momento he titulado “dos
salmos de confianza”. He estado a punto de actualizar su lenguaje:
cambiar el “vos” por el “tú”, suprimir redundancias, sustituir
algún arcaísmo, hacer recortes... Pero cada una en vuestra situación lo
haréis mejor; así que me limito a presentar con estructura sálmica lo
que considero su oración y a señalar los textos bíblicos y teresianos
que la entretejen: “Un mes en la escuela del Sgdo. Corazón de Jesús” día 14, Afectos (pág. 139)
“Un mes en la escuela del Sgdo. Corazón de Jesús”, día 33, Afectos (pág. 196)
Es interesante situarnos en el tiempo en que nuestro Padre escribía las meditaciones en las que se encuentran estos “Salmos”: un verano largo en Roma. Había ido a primeros de mayo pensando que en unos días solucionaría sus negocios y ... con buenas palabras, excusas, esperas llegó octubre. En España, la enfermedad de la M. General Rosario Elíes estaba poniendo también las cosas bien difíciles. Su confianza se mantuvo imperturbable y no perdía oportunidad de proclamarla: “¡Oh, qué paz se goza mirando a Dios por Padre! aprendedlo.” (Carta de 13/9/1894 a la Hna. Agustina Alcoberro) Mª. Luisa Ibáñez, STJ |
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