CONCLUSIONES (versión word)

 

 
 

EDUCAMOS EDUCÁNDONOS EN COMUNIDADES DE DISCÍPULAS Y DISCÍPULOS
IV Encuentro Continental Americano – IV ECAM

COMPAÑIA DE SANTA TERESA DE JESÚS
Río de Janeiro, 20-29 de julio de 2009

 

        “Educamos educándonos desde una  COMUNIDAD que va aprendiendo a relacionarse en congruencia con los fines de la educación que pretende.   Abierta a la REALIDAD, con una mirada positiva, capaz de reconocer los valores existentes.
Con opciones claras por la TRANSFORMACIÓN SOCIAL hacia equidad, reciprocidad, inclusión, solidariedad… TRABAJANDO EN EQUIPO con visiones compartidas y formando redes”.   PET -  Línea Maestra 1
                                

Como Familia Teresiana en América celebramos el IV Encuentro Continental de América (IV ECAM) en Río de Janeiro, del 20 al 29 de julio de 2009. Nos encontramos 56 personas, hermanas y laicas/o, representantes de los 14 países en los que está presente la Compañía. Vivimos una experiencia que fortaleció vínculos y búsquedas comunes de educadores/as teresianas/os que educan educándose en pluralidad de formas, ámbitos y presencias.  

Compartimos con ustedes las Conclusiones del proceso que hemos vivido, nuestras reflexiones, opciones y compromisos para que la educación teresiana que deseamos promover en el continente sea realmente liberadora y evangelizadora.

Un hilo conductor especialmente significativo fue la lectura orante de la Palabra vivida y celebrada en comunidades de discípulas/os que aprenden en comunión. Esta experiencia fortaleció en nosotras/os el sentido de Familia Teresiana y el deseo de renovar nuestra vocación de educadoras/es desde el  “Evangelio de Jesucristo y, en Él, la buena nueva de la dignidad humana, de la vida, de la familia, del trabajo, de la ciencia y de la solidaridad con la creación” (DA 103).

 

MIRAR, ESCUCHAR, TOCAR,  ACOGER…
NUESTRA REALIDAD

Nos aproximamos al contexto global, eclesial y educativo del Continente desde el método VER-JUZGAR-ACTUAR, propio del  caminar de la Iglesia latinoamericana (Cfr. Ap. 19). Desde una mirada crítica, escuchamos, tocamos, acogimos… la realidad y nos dejamos interpelar para buscar nuevas alternativas.

Situarnos en la realidad de América y acercarnos al contexto de Brasil, produjo en nosotras/os diferentes sentimientos. Constatamos, una vez más, que la globalización del neoliberalismo injusto y excluyente, al margen de los valores éticos, afecta nuestros pueblos y produce una creciente crisis de humanidad: La vida de nuestros pueblos  sigue amenazada por el sistema económico injusto que excluye a la mayoría de la dignidad que les pertenece y engendra violencia. No sólo les priva de los bienes económicos sino también de los bienes culturales y tecnológicos. Los que más sufren, entre ellos, las mujeres discriminadas por razón de su sexo, continúan siendo excluidos y explotados, considerados como sobrantes y desechables (Cfr. DA 65).

Experimentamos una fuerte indignación ética ante el sistema que nos mueve a la solidaridad y compasión por las víctimas.  Al mismo tiempo, nos cuestionamos si nuestras prácticas y proyectos educativos desarrollan la conciencia crítica frente a este sistema injusto o si, inconscientemente, reproducimos sus relaciones de dominación y mecanismos de exclusión.

Sin embargo, reconocemos que la globalización ha permitido el acceso y la circulación de conocimientos y recursos, y  ha facilitado la existencia de redes entre los grupos sociales emergentes que ejercen presión sobre el sistema. Estos grupos  promueven acciones en pro de la democracia popular, relaciones más humanas, ética del cuidado de la vida, economías solidarias, modelos de educación y prensa alternativa, entre otras. Vemos con esperanza estas iniciativas y nos sentimos impulsadas/os a implicarnos en estos movimientos civiles e interreligiosos organizados, en los que las mujeres, las comunidades étnicas y diferentes organizaciones alternativas y plurales, se articulan en redes que luchan por los derechos humanos, la defensa de la vida, el cuidado del planeta... Nos interpela cómo participar y educar para la participación en la sociedad civil, junto con otros movimientos organizados que luchan por la globalización de la solidaridad y de la justicia, por la equidad y la igualdad de oportunidades.

Nos siguen desafiando las profundas transformaciones sociales, políticas, económicas, culturales y religiosas, ocasionadas en gran parte por el desarrollo científico y tecnológico. Todo ello impacta radicalmente nuestra forma de concebir el mundo, las relaciones y nuestra experiencia de fe, pero más aún a las nuevas generaciones. Los jóvenes viven en la inmediatez, en un presente sin futuro que carece de sentido ético. Nos cuestiona la manera de situarnos frente a ellas/os, nuestra timidez para presentarles el proyecto de Jesús y la ausencia de acompañamiento en sus procesos vitales. Nos preguntamos cómo caminar a su lado y ser un referente de valores cristianos, cómo acercarnos a su experiencia, cómo tocar su subjetividad y acompañar su búsqueda de sentido.

No podemos dejar de señalar, como signo de esperanza, el profundo sentido religioso de nuestros pueblos. La búsqueda de lo sagrado es hoy  menos ritualista y moralista y convive con la religiosidad popular hondamente arraigada en nuestra gente. Este mosaico de la experiencia trascendente está fuertemente marcado por la exterioridad y las prácticas individualistas que no siempre llevan a un compromiso comunitario, a la búsqueda de la justicia ni a la construcción de una nueva sociedad. Nos sentimos urgidas/os a continuar contribuyendo para que esta expresión religiosa se fundamente en los valores evangélicos. Queremos caminar con nuestra Iglesia y animar al encuentro personal con Jesús y la formación de comunidades de discípulas/os-misioneras/os, según las orientaciones de Aparecida.

Escuchamos y compartimos las experiencias y proyectos de nuestras Provincias a partir del proceso vivido en la concreción de la Fase II de la Propuesta Educativa Teresiana (PET). Constatamos que la PET es referente significativo y horizonte para nuestra práctica, nos ilumina y ofrece claves de renovación metodológica, pastoral y organizativa. Valoramos el compromiso de todas las provincias por avanzar en el proceso de elaboración de la PET Provincial, planificaciones locales y proyectos educativos. Sin embargo, nos cuestionamos si nuestra metodología es crítica, participativa, transformadora y humanizadora en la vida cotidiana de nuestros centros y proyectos alternativos.  Constatamos la necesidad de un mayor conocimiento y profundización en la “planificación participativa” de manera que haya mayor coherencia entre nuestros horizontes y la práctica.

 

EDUCAMOS EDUCÁNDONOS EN  COMUNIDADES  DE DISCÍPULAS/OS-MISIONERAS/OS

Detrás de toda planificación subyace una espiritualidad, un sentido de trascendencia. Quien planifica proyecta el futuro y apuesta por él; cree que es posible el cambio y la transformación de la realidad. La “planificación participativa”  parte de una lectura de nuestro mundo en la que la idea de que nuestra realidad es injusta, y de que esa injusticia se debe a falta de participación en todos los niveles y aspectos de la actividad humana, es fundamental. La instauración de la justicia social y la construcción de una sociedad nueva pasan por la participación de todas/os en el poder a través de una construcción conjunta. La “planificación participativa” en cuanto instrumento y metodología abre espacios especiales para la cuestión política porque logró integrar la calidad, lo operativo y lo estratégico organizándolos en un todo que se constituye en lo que Paulo Freire llama el proceso de acción–reflexión-acción (Cfr. Gandin Danilo, La práctica de la planificación participativa, pp. 20 – 21).

La Conferencia de Aparecida es un hito más en la historia de nuestra Iglesia que confirma su caminar, su originalidad y teologías liberadoras desde una realidad de opresión y exclusión.  Es especialmente significativo descubrir en el Documento:

  • La recuperación y confirmación del método “ver-juzgar-actuar” que permite articular, de modo sistemático, la perspectiva creyente de ver la realidad; la asunción de criterios que provienen de la fe y de la razón para su discernimiento y valoración con sentido crítico; y la proyección del actuar como discípulas/os misioneras/os de Jesucristo (Cfr. DA 19).
  • La ratificación de que la opción por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se hizo pobre por nosotras/os para enriquecernos con su pobreza (392).
  • La unidad indisoluble entre el seguimiento de Jesús y el compromiso social (384 – 385).
  • La vitalidad de las comunidades eclesiales de base que van mostrando sus frutos abundantes y ayudan a formar cristianas/os comprometidos con su fe, discípulas/os-misioneras/os del Señor, como testigos de entrega generosa hasta derramar su sangre (178, 307).
  • La centralidad de la Palabra de Dios, y la Lectio divina como fuente de espiritualidad y discernimiento que debe animar toda la vida de la Iglesia (248 - 249).
  • La llamada a promover una educación de calidad formal y no formal y una pastoral dinámica y renovada para todos/as, especialmente para los más pobres y desposeídos (334).
  • La urgencia de que todas las mujeres puedan participar plenamente en la vida eclesial, familiar, cultural, social y económica, creando espacios  y estructuras que favorezcan mayor inclusión (454).
  • La necesidad de renovar, en estrecha unión con la familia, de manera eficaz y realista la opción preferencial por las/os jóvenes dando nuevo impulso a la pastoral juvenil en las comunidades eclesiales (446a).
  • El reconocimiento de la identidad multicultural en el continente: Los indígenas constituyen la población más antigua del Continente. Están en la raíz primera de la identidad latinoamericana y caribeña. Los afrodescendientes arrancados de África y los inmigrantes pobres europeos del siglo XVI constituyen las otras raíces de nuestra identidad.  Como Iglesia, que asume la causa de los pobres, alentamos la participación de los indígenas y afrodescendientes en la vida eclesial y fomentamos el diálogo intercultural, interreligioso y ecuménico (88 – 95).
  • El reconocimiento de que la vocación y compromiso de ser hoy discípulas/os-misioneras/os de Jesucristo requiere una clara y decidida opción por la formación de todas las personas de la comunidad eclesial cualquiera sea la misión que tengan en la Iglesia (276).
  • La constatación de que el proceso de la formación de quienes siguen a Jesús tiene sus raíces en la naturaleza dinámica de la persona y en la invitación personal de Jesucristo que llama y atrae a sí. El seguimiento es fruto de una fascinación que responde al deseo de realización humana, al deseo de vida plena. El discípulo es alguien apasionado por Cristo, a quien reconoce como maestro que lo conduce y acompaña (277).

 

EDUCACIÓN TERESIANA PARA FORMAR SUJETOS DE ENCUENTRO Y TRANSFORMADORES SOCIALES.  “OTRO MUNDO ES POSIBLE”

Sintiéndonos parte de nuestros pueblos, sedientos de VIDA y de justicia, RENOVAMOS nuestra opción por los pobres y excluidos, por los jóvenes y nuestra vocación de educadoras/es para humanizar y transformar en Misión-compartida.  Nos situamos en el caminar de la Familia Teresiana en América y nos comprometemos:

EDUCACIÓN HUMANIZADORA Y TRANSFORMADORA

Nos duele e interpela profundamente la crisis de humanidad que hiere a nuestro Continente, expresada en múltiples formas de pobreza y exclusión. Nos llena de esperanza el despertar de la sociedad civil organizada,  los grupos interreligiosos y ecuménicos y el caminar de nuestra Iglesia que cree  que otro mundo es posible.  Nos cuestiona que aún existe mucha distancia entre el horizonte de la Propuesta Educativa Teresiana y nuestra  práctica cotidiana. Ante esta realidad OPTAMOS POR RECREAR NUESTRA PRACTICA EDUCATIVA EN TODOS LOS ÁMBITOS PARA QUE SEA VERDADERAMENTE HUMANIZADORA Y TRANSFORMADORA.

Estrategias:

  • Formarnos en metodología participativa y evaluar de manera continua (acción-reflexión-acción) nuestra praxis educativa para no reproducir el sistema.
  • Aprender la metodología deconstructiva que nos ayude a hacer un proceso de desaprendizaje, a revisar todos los ámbitos de la práctica educativa y a generar nuevos aprendizajes.
  • Promover comunidades de aprendizaje que fomenten la inclusión, la interacción con el medio, el aprendizaje dialógico cooperativo y colaborativo.
  • Avanzar en la participación en la sociedad de la información y en la utilización de los MCS y la tecnología. Crear una Comunidad de aprendizaje virtual.
  • Formar y participar en REDES que promueven la justicia y la solidaridad.
  • Promover la articulación, participación y formación específica para otros ámbitos y proyectos alternativos organizados, a nivel provincial e interprovincial.
  • Priorizar la formación teológica, bíblica, eclesiológica, pastoral, carismática, pedagógica y metodológica, teniendo en cuenta la interculturalidad, el ecumenismo, el  género, los derechos humanos, la ecología…
  • Aprender nuevos lenguajes para hablar de Dios y favorecer experiencias de encuentro.
  • Buscar medios para que el eje transversal de género sea operativo y transformador, desde una visión crítica de las estructuras patriarcales.
  • Conocer los diversos movimientos y organizaciones de la sociedad civil que luchan por la vida y la justicia promoviendo otras alternativas, y vincularnos a ellos.

 

CAMINAR CON LAS/LOS JÓVENES

Constatamos que las/os jóvenes son la mayor parte de nuestro Continente. Nos cuestiona la distancia que experimentamos entre su manera de concebir la vida, sus formas de expresión y nuestra manera de situarnos junto a ellas/os. A la luz de la Buena Noticia del Evangelio y desde nuestra vocación de educadoras/es, OPTAMOS POR CAMINAR CON ELLAS/OS Y ACOMPAÑAR SUS PROCESOS DE BÚSQUEDA DE SENTIDO DE LA VIDA CON NUEVOS LENGUAJES, FORMAS Y ESTRATEGIAS.

Estrategias:

  • Conocer las culturas juveniles y formarnos en ellas.
  • Crear una red teresiana de hermanas y laicas/os, líderes en el trabajo con jóvenes, para construir criterios comunes, compartir proyectos, vincularnos a diversas plataformas juveniles e intercambiar experiencias.
  • Organizar y promover proyectos continuados que impulsen y dinamicen el trabajo con las/os jóvenes, generando nuevas posibilidades de participación en distintos ámbitos: voluntariados, experiencias solidarias…
  • Promover y recrear comunidades de vida  -MTA y otras- a fin de fortalecer su vida cristiana y compromiso con la misión.   
  • Sistematizar las experiencias y materiales de trabajo con las/os jóvenes  para compartir con otras/os.  Crear y alimentar un espacio en  el Portal STJ.

 

FAMILIA TERESIANA

Valoramos el camino que vamos realizando como Familia Teresiana. Constatamos que los pasos que hemos dado todavía no responden a lo que formulamos. Por eso OPTAMOS POR PROFUNDIZAR E IMPULSAR LA CREACIÓN, VINCULACIÓN Y ARTICULACIÓN DE COMUNIDADES que asumen su compromiso cristiano desde el carisma para crear una cultura solidaria a la luz del Evangelio que nos humaniza y lleva a humanizar nuestro entorno.

Estrategias:

  • Fortalecer comunidades de laicas/os que viven el carisma y el discipulado misionero.
  • Buscar nuevas formas de vinculación, experiencias y creación de pequeñas comunidades de hermanas y laicas/os.
  • Continuar creando condiciones para que todas/os asumamos un liderazgo compartido y  la práctica de la participación en función de la misión.
  • Impulsar y organizar la formación en carisma, biblia, teología, espiritualidad y  experiencia comunitaria.
  • Apoyar e impulsar el proceso de renovación y autonomía del MTA como Movimiento Laical en la Familia Teresiana.
  • Conocer la organización y el dinamismo de la sociedad civil y participar en algunos movimientos.

 

Deseamos que la alegría de este encuentro llegue a todos los hombres y mujeres que yacen al borde del camino, pidiendo limosna y compasión (cf. Lc 10, 29-37; 18, 25-43). La alegría de la discípula y del discípulo es esperanza frente a un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio, es una certeza que brota de la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia del amor de Dios.

 Conocer a Jesús es el mejor regalo que podemos recibir. Haberlo encontrado es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida. Darlo a conocer y a amar con nuestra palabra y obras es nuestro gozo (Cfr. DA 29.)

 

Río de Janeiro, 29 de julio de 2009